Demasiadas cosas en la cabeza, intento corregir poco a poco el sentimiento encontrado de no llegar al final, de que las horas son demasiado cortas. Tantas cosas por hacer... pero a veces el cansancio puede con la mente. Intento poner objetivos pero el paso del tiempo es implacable, y acaba por sujetarme al suelo. Me río más que antes, abro más los ojos, y me emociono con pequeñas cosas. Las canciones en el coche cantadas a dúo, un abrazo a destiempo... intento guardar en la retina pequeñas cosas que hacen que lo que nos rodea sea diferente para todos, únicas para cada uno. Y así pasito a pasito nos metemos de nuevo en el ojo del huracán, del que por supuesto sólo se sale si alguien te agarra firmemente y te arrastra fuera, con poco se consigue, quizá una mirada, un roce, un simple beso en la mejilla o un susurro al oído, y es en ese instante cuando puedes ver el mundo que te rodea, quieto, en silencio.