sábado 29 de diciembre de 2007

niebla y hojas escarchadas

El invierno llega de la manera más inesperada, y como de la noche al día se nos empieza a apagar la luz del mundo, la luz de el sol, del rey sol. El sol siempre ha sido el centro de las veneraciones de todas las culturas ancestrales, era la deidad más importante, y de esas creencias descienden las que hoy en día plagan nuestras vidas. El sol es el que nos da la vida por la mañana, el que hace que podamos ver, el que hace que las flores se abran. El sol es el centro de todo lo que nos rodea, fuente inagotable de energía, y sin embargo nos pasa a todos desapercibidos, y no es que ya lo veamos como algo normal, simplemente es que ya ni lo vemos, ya no nos paramos a pensar en él, y para mi personalmente eso es el principio de la decadencia del ser humano, el NO contemplar lo que tenemos alrededor, lo que nos da vida realmente. Ahora en estas fechas de consumismo desmesurado, la gente está mucho más impaciente por recibir y desear y festejar... que no piensan en todo lo que tenemos y que resulta "gratis": los besos, las miradas, las sonrisas, las estrellas del día, los abrazos de los amigos, el sonido de las risas, el olor a mojado en el campo,... quizá la niebla y el frío sean el inevitable castigo que nos ofrece el sol por dejarle de lado en estas fechas, y es que sólo nos acordamos de él cuando se nos nubla un sábado de verano o ahora en Navidad.