lunes 13 de agosto de 2007

el sendero

El otro día caminando me puse a mirar al suelo y vi el sendero. Era muy finito, casi tenía que ir poniendo un pié detrás de otro y en ocasiones mantener el equilibrio no era nada fácil, pero lo veía claro. Había partes un poco borradas, pero no lo perdí, esta vez no. Llevaba mucho tiempo buscándolo y ahora no me iba a salir de él, además el viaje no estaba siendo malo. A los lados, y tras mucho caminar, empecé a ver muchos otros caminos. En cada uno de ellos había una finita estaca que acababa en una pequeña pizarra de la que colgaba una tiza, anudada con una vieja cuerda. En cada pizarrita estaba escrito un nombre, algunos me sonaban, debían ser de hace mucho tiempo porque esos senderos estaban llenos de charcos, hojas secas... se habían borrado prácticamente. Otros letreros tenían el nombre de personas que no conozco, y había unos cuantos senderos que iban muy pegados al mío. Alguna vez pasaban por debajo del mío, como un río bajo un puente.... (continuará).