Viajamos de nuevo. Llenos de esperanzas y retos, de nervios, de miradas. Viajamos juntos, que es lo importante. El paisaje pasa deprisa ante mi. Intento sacarle todo el jugo posible. Un árbol, al fondo, un camino de piedra, verde alrededor. Empieza la prueba, con nervios, pero siempre sonriendo. Esfuezo. La prueba transcurre de manera inmejorable. No se si alguna vez sentiré lo mismo, si seré capaz de tanta generosidad, tanto conmigo como con el resto. No se rinden, siguen y siguen, siempre adelante. Esfuerzo final, últimos metros. ¿en qué se piensa después de una hora y media nadando, corriendo...? Entran sonriendo, saben que lo han hecho bien, todas, las cinco. Supongo que uno cuando está a punto de entrar, de cruzar la meta, piensa en la gente que tiene alrededor, en los que están, en los que no, en los que han estado. Ya han entrado todas. Se animan, rien, se abrazan. Contacto, roce la piel. Es necesario. La piel se me eriza cuando las veo, un escalofrío me recorre la espalda. No dejo de mirarlas. Me alejo, prefiero la lejanía, el ver cómo actúa cada uno. Observo. Aprieto mis dientes. Se escapa alguna lágrima de emoción que los cristales oscuros esconden. Por la noche estamos todos más relajados, con ganas de pasarlo bien, riendo, brindando por los ausentes, por nosotros. Al día siguiente todo es brillo, en las hojas, en las miradas, en la piel... compartimos todo el tiempo que nos es posible. Cerezas. Horizontes. Todo es perfecto, o casi. Hay momentos imborrables, que nos hacen crecer, que nos enseñan que la vida está en las pequeñas cosas, en un abrazo, un beso, una caricia, una mirada, el olor a lluvia, el tacto de la piedra, el viento en la cara,...



1 comentarios:
Todo genial... y todo gracias al club... pienso que hacemos muy buen equipo (y no solo deportivamente hablando)
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