Chipiona, Cádiz. Largos veranos. El día entero en la playa, en el mar. El pelo largo, y siempre en el agua. Inquieto. Frágil. Buscando, observando, aprendiendo. Felicidad. Despreocupación. Levantarte y bajar corriendo las escaleras para llegar al desayuno y salir al patio de casa. Tengo muchisimos recuerdos de mi infancia, casi nadie se acuerda de situaciones que pasaron en la guardería, preescolar, en los veranos... Para mi esos recuerdos son muy cercanos. Mi mente lo tiene almacenado. La llegada al colegio. El "baby" azul con mi nombre en una tarjeta cogida con un imperdible a la ropa. Los compañeros. La guardería incluso. Puedo recordar dónde me sentaba, veo a gente por la calle que sé que iba conmigo a la guardería. ¿Cómo puedo recordar eso? Es increíble la capacidad que tenemos y no aprovechamos. Recuerdos que no se pueden borrar. Mi clase de preescolar, en el porche del patio, la de la derecha. Los primeros años de colegio, los partidos de fútbol en la esquina del patio, el no llegar a la fuente para poder beber,... el balón de baloncesto que despareció sin dejar rastro tras una inoportuna patada... donde estará??? jeje. Las caras de mis compañeros. David, pablo, dani, revenga, oscar,... Recuerdo a un compañero que estuvo conmigo en primero de preescolar, Félix Mena. Teníamos 3 ó 4 años y es como si hubiese sido ayer, en el patio del colegio, corriendo. Cierro los ojos y lo veo todo, me vienen miles de recuerdos a la cabeza. En Chipiona, el carro de los pasteles, la hora más esperada, siempre puntual mañana y tade con los triángulos de esa crema amarilla riquísima. Recuerdo el viaje a Sagunto con mis tíos, a mi primo Abel, las que liábamos antes y ahora, 20 años después. Recuerdos. Sólo recuerdos de una vida. Pero siempre con la confianza en seguir siendo ese niño de 5 años que era feliz pasase lo que pasase, ya que encontró a su mejor amigo, ese que nunca le iba a abandonar, él mismo.

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