Me ajusto las gafas. Cojo aire. Bajo el agua todo es distinto. ¿instinto fetal? Empezamos a nadar. Uno, dos, tres, cojo aire, uno, dos, tres, cojo aire. Primeros 100 metros. El cuello se ensancha, los pulmones funcionan, los hombros ya empiezan a pesar. Bajo el agua miro a la gente con la que me cruzo. Es divertido verles e imaginar como es su cara. Casi nunca acierto. Bajo el agua todo es distinto, nuevas sensaciones encontradas. Recuerdo el mar. Recuerdos de nadar en el mar, libremente, sin límites. Recuerdos de mi infancia en las playas de Chipiona. Siempre metido en el agua. Siempre la misma sensación de comodidad, de sentirme bien, de sentirme libre. Meter la cabeza y dejar de escuchar.

FOTOGRAFÍA:
el_camaleón_rojo
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada